El día que el océano me cambió
La primera vez que vi una manta, hice exactamente lo que una persona que no sabe nada de mantas haría: salir nadando en dirección opuesta.
Sería la segunda semana de mi vida en Maldivas, estaba en un excursión y mi compañero de trabajo Saippe gritó que había una manta. Yo no sabía lo que era una manta, pero salté al agua. A fin de cuentas era guía en prácticas y tenía que actuar como tal.
Según salté al agua, la vi viniendo directamente hacia mi. Era enorme, con una boca abierta que me pareció infinita y mi cerebro hizo lo que pudo con la poca información que tenía y decidió: vete de aquí.
Así que me di la vuelta y empecé a nadar en dirección contraria. Lo curioso es que, cuatros años después, las mantas son uno de mis animales favoritos en Maldivas. Supongo que entre estas dos versiones de mí hay una historia que merece ser contada.
Porque cuando llegué a Maldivas no sabía prácticamente nada sobre el océano. No sabía distinguir una manta de muchas otras especies, no había visto nunca un tiburón y, sinceramente, el mar no estaba ni cerca de ser una de mis pasiones.
Yo era más de montaña. Paracaidismo. Escalada. Alturas. Movimiento. Adrenalina.
Escalando en 2019, País Vasco.
Y entonces la vida decidió ponerme justo en medio del océano. Me ofrecieron un trabajo en Maldivas y dije que sí. Y sin darme cuenta, aquel sí me llevó a conocer un mundo que hasta entonces me era completamente desconocido.
La vida marina en Maldivas
Con el tiempo he aprendido algo que antes nunca me había planteado. Cuando entramos al océano, somos nosotros los que estamos entrando en su casa. No al revés. Nosotros llegamos con nuestras gafas, cámaras, aletas, barcos y nuestra curiosidad. Ellos ya estaban ahí desde hace mucho antes.
Y creo que recordar esto cambia completamente la manera en la que nos relacionamos con ellos. No estamos allí para conquistar, perseguir o tocar. Estamos allí, porque por unos minutos, nos permiten compartir su espacio. Es algo muy especial.
Después de tantos años en Maldivas, he desarrollado un cariño enorme por la vida marina. Un cariño que no sabía que podía sentir por animales, que hace cuatro años, ni siquiera sabía reconocer.
Ahora me preocupo por ellos, me alegra verlos, me preocupa cuando algo les afecta y siento una responsabilidad real y sincera de cuidarlos y protegerlos.
Maldivas y la responsabilidad de educar
Maldivas es un lugar increíble, pero también es un lugar muy turístico. Cada día, muchas personas llegan con la misma curiosidad que yo tenía al principio. Quieren ver una manta, un tiburón ballena, una tortuga, un tiburón de arrecife…
Y es normal. Queremos acercarnos, hacer fotos y vivir esa experiencia.
Pero hay una línea que no debemos cruzar. Por eso creo que la educación es tan importante. Los briefings antes de entrar al agua no son simplemente una lista de reglas que tenemos que escuchar antes de empezar una excursión. Son una oportunidad para explicar por qué esas reglas existen. Por qué no debemos tocar a los animales. Por qué debemos mantener una distancia adecuada. Por qué no debemos perseguirlos. Por qué no debemos bloquearles el paso.
A veces pensamos que proteger el océano significa hacer grandes cosas. Pero muchas veces empieza por algo mucho más sencillo: saber cómo comportarnos cuando estamos dentro de él.
Tiburón ballena en Maldivas
Gracias por dejarnos entrar
Creo que eso es lo que más ha cambiado en mí. Antes veía el océano como un lugar al que podía ir. Ahora lo veo como un lugar al que me invitan. Y hay una gran diferencia.
Cada vez que entro al agua y me encuentro con una manta, un tiburón ballena, una tortuga o cualquier otro animal, intento recordar que estoy entrando en su mundo. Ellos no necesitan que nosotros vayamos allí. Somos nosotros los que tenemos la suerte de poder observarlos. Y ojalá podamos seguir haciéndolo durante mucho años. Porque la coexistencia es posible. Siempre y cuando actuemos con respeto.
Hace cuatro años, nunca imaginé que el océano iba a enseñarme tanto. Quizás eso es lo bonito de la vida. A veces llegamos a un lugar pensando que vamos a trabajar. Y terminamos encontrando una parte de nosotros mismo que no sabíamos que existía.
